lunes, 16 de junio de 2008

Una mujer y un travesti


Teníamos tiempo de conocernos. Ella me había encontrado por curiosidad, es decir, encontró mi dirección de correo electrónico y decidió ponerse en contacto conmigo. Cuando coincidimos en el messenger conversamos un buen rato y fue así como surgió esta gran amistad.

Casi hablábamos diariamente y en nuestras platicas comentábamos de todo como las dos grandes amigas que ya éramos. Cuando el tema era el sexo lo hacíamos de una forma completamente abierta y llena de respeto. Cada una de las dos llegamos a confesarnos nuestros secretos e íntimos deseos.

Nunca en mi vida de travesti había tenido una amiga como ella: Sincera, honesta, alegre, respetuosa pero sobre todo Mujer real.

Le gustaba cómo disfrutaba mi travestismo. No había críticas ni burlas. Solo comprensión y complicidad. Por ello constantemente le enviaba fotos y videos en las que siempre me encontraba vestida.

Fue tanto lo que compartimos que comenzamos a tener necesidad la una de la otra. De repente ya no solo queríamos hablar de nuestros deseos sino que ahora queríamos llevarlos a la realidad y satisfacerlos plenamente. Sin embargo teníamos un problema en común: ambas nos encontrábamos en ciudades diferentes. Alguna de las dos tendría que tomar la iniciativa para viajar a la ciudad de la otra.

Pero ocurrió algo que nos iba a permitir llevar a cabo lo que tanto anhelábamos.

Por cuestiones de trabajo tendría que desplazarme a la ciudad en la que ella se encontraba, así que emocionada le comuniqué de mi visita y ambas hicimos los planes necesarios para conocernos personalmente.

Ahora al fin nos encontrábamos allí, en la habitación de un hotel, la cual sería mi casa durante los dos días que iba a durar mi estancia en esa ciudad.

Me estaba deleitando viendo cómo se arreglaba después de que ambas tomamos un baño. Era grandioso ver cómo surgía esa mujer sensual que tantas veces había imaginado y deseado.

Su desnudez me había fascinado, sin embargo, ambas habíamos decidido estar vestidas con lencería que compramos para esa ocasión tan especial.

No podía contener mi emoción y mucho menos mi erección, pero no me moví del sillón en el que me encontraba observando cómo colocaba las medias en sur piernas de una forma lenta, sugestiva, acariciando al mismo tiempo; se colocó ambos zapatos y su figura estilizada me invitaba a acercarme a ella pero me contuve; continuó con la tanga la cual resaltó su bien formado trasero. Ella me miraba de una forma tan sensual, tan provocativa que estuve nuevamente a punto de levantarme para tomarla entre mis brazos y hacerla mía...pero una vez más logré serenarme. Irradiaba sensualidad por todos los poros de su piel.

Finalmente colocó el corsé y perdí de vista sus deliciosos senos. Coloco los broches de sus piernas y caminó contoneando sus caderas hasta donde me encontraba sentado. Quedo frente a mí y sin mediar palabra comenzó a acariciar su cuerpo al tiempo que cerraba sus ojos. Pasaba sus manos sobre ambos senos, recorría su vientre hasta llegar a la entrepierna; luego a sus piernas. Ni que decir cómo me encontraba en ese momento.

Pasados unos minutos se fue volteando de forma lenta hasta que finalmente su trasero quedo frente a mí, era una vista deliciosa, excitante, sentía que no lo soportaría más y me levantaría para tomarla pero decidí respetar nuestro acuerdo. Yo tenía que estar vestida también.

Ella entendió mi situación, no quiso extender mi sufrimiento y fue a sentarse frente al tocador. Comenzó a maquillar su rostro. Creí enloquecer nuevamente al aspirar el suave aroma de sus polvos. Sus ojos quedaron enmarcados por unas suaves sombras de color azul, sus pestañas por el negro rimel y sus labios de un color rojo??.

Se encontraba completamente lista.

Ahora era mi turno de vestirme.

Imité los movimientos de ella y también comencé poniendo las medias en ambas piernas; me calce los zapatos y me acerqué al espejo para ver cómo mi trasero también era levantado deliciosamente. Tampoco ella quitaba la vista de mi figura. Continué con la tanga, sin embargo no lograba acomodarla por causa de la erección. Seguí con el corsé y al terminar de acomodarlo coloqué el par de senos postizos.

Estaba casi por terminar. Antes de sentarme frente al tocador para que ella me maquillara decidí imitar también las caricias sobre mi cuerpo hasta quedar también de espaldas hacia ella. Ya las ansias eran muchas. Terminó de maquillarme y por último colocó la peluca finalizando por completo nuestro arreglo.

No había palabras. Todo lo realizamos como si hubiera sido perfectamente ensayado.

Ambas estábamos decididas a realizar nuestros más profundos deseos. Yo me me iba a encargar de satisfacerla plenamente y ella haría lo mismo por mí.

Y esto fue lo que ocurrió.

Estaba de espalda, frente a mí. Mis ojos la recorrieron de arriba abajo. El corsé y las medias le ajustaban perfecto. Toda su figura me excitaba. Sin embargo lo que más atraía mi atención en ese momento fue su trasero. La diminuta tanga lo hacia verse enorme. Los zapatos, altos, lo levantaban de una forma deliciosa. Mi respiración se agitaba poco a poco y mi miembro, erecto por completo, me causaba un ligero dolor al estar aprisionado por la tanga.

No pude esperar más. Me acerqué lentamente a ella y agachándome un poco coloqué mis manos en su cintura y deposité un beso en su hombro derecho. La escuché gemir y continué arrastrando mis labios por sobre toda su espalda desnuda hasta llegar a su otro hombro. Su respiración se fue agitando.

Arrastré mis labios sobre su cuello y al llegar a su oído saqué mi lengua para lamer la parte posterior del mismo. Ladeó su cabeza y comencé a dar pequeñas mordidas en su oído. Al tiempo me acerqué más logrando colocar mi pene enmedio de sus nalgas. Ella, al sentirme, dejo escapar un delicioso y prolongado gemido. Acto seguido comenzó a empujarse hacia atrás una y otra vez. Yo no dejaba de morder y soplar en su cuello y en su oído.

Pasado un rato empezó a mover sus caderas de un lado a otro permitiendo que mi pene se arrastrara sobre toda la extensión de sus nalgas. La tanga estaba bañada de mis líquidos. Me retiré y pude ver como en sus nalgas quedaban rastros de los mismos.

La fui volteando lentamente hasta que ambos quedamos de frente. Pegamos nuestros cuerpos y buscando nuestras bocas nos fundimos en un beso prolongado y profundo. Mi lengua jugaba con la de ella. De vez en vez mordía sus labios. Mis manos recorrían sus senos y al estar sobre ellos los estrujaba con algo de rudeza. Finalmente las llevé hasta sus nalgas y de igual manera las estrujé violentamente. No dejábamos de besarnos. Pero ahora ella había tomado mi pene y lo restregaba sobre su sexo. Dejé que ella hiciera.

Al fin nos separamos y ella, tomando la iniciativa, comenzó a besar mi cuello bajando lentamente sobre el pecho y el vientre hasta que finalmente quedo hincada frente a mí. Sabía lo que deseaba y mi dispuse a disfrutar.

Comenzó a besar mis piernas mientras una de sus manos acariciaba mi pene. Llegó a una de mis ingles y sacando su lengua la recorrió de arriba abajo. Mi pene era acariciado a su vez por una de sus mejillas. La tanga ya me molestaba y ella, adivinando mi situación, la retiró con una mano liberando el miembro el cual brillaba por todos los líquidos derramados.

Me miró felinamente y sin esperar más tomo mi pene y acercando su boca depositó un prolongado beso en la punta del mismo. Me estremecí cuando comenzó a girar su lengua sobre la punta. La miré a los ojos y su mirada era de placer y lujuria. Estaba encantada con lo que me estaba haciendo. Apoyo sus manos en mis muslos y abriendo su boca fue engulliendo lentamente mi pene. Lo disfrutaba centímetro a centímetro. Yo veía cómo desaparecía en su boca y eso incrementaba más mi erección. Su boca era cálida y suave.

No había vello en mi entrepierna por lo tanto fui testigo cuando mi pene desapareció por completo dentro de su boca. Se quedo completamente quieta sorprendida de lo que estaba haciendo, disfrutando el sabor del miembro.

Y comenzó la retirada haciendo una leve succión a medida que el miembro salía de su boca. Mis piernas amenazaban con flaquear por la gran excitación que sentía. Pensé que se retiraría por completo pero no fue así, nuevamente la introdujo en su boca repitiendo la acción un buen número de veces.

Tenía su cabello recogido con una cinta. Tuve que tomarla del nudo de la misma para indicarle que se detuviera. Sentía los espasmos previos a una gran eyaculación. Ambos nos detuvimos unos minutos hasta que sentí que la eyaculación estaba controlada. Fui yo quien comenzó el movimiento de mete y saca en su boca. Fue otro momento cachondo ya que la tenía tomada del cabello mientras ella amoldaba su boca sobre el pene para no lastimar con los dientes.

Finalmente me detuve y la ayude a incorporarse. Cuando ambos quedamos de frente nos fundimos en otro prolongado beso. Su boca tenía el sabor de mi pene el cual disfrute enormemente.

La retiré y le pedí que subiera en la cama y se acostara boca abajo. Le pedí que se relajara. Así lo hizo y también yo subí a la cama colocándome por encima de ella en cuatro manos. Me agaché un poco y volví a besar su espalda desnuda al tiempo que acercaba mi pene por enmedio de sus nalgas. Nuevamente ese gemido de placer. Dí un paseo sobre toda su espalda bajando hasta llegar a sus nalgas las cuales besé y mordí sin tregua. Mi pene chocaba con una de sus piernas dejando rastros de saliva y de sus propios líquidos en la media que tenía.

Y llegó el momento en que le pedí que se incorporara un poco hasta quedar empinada. Quería contemplar su trasero. Acariciar sus nalgas, verlas divididas por la tanga. Quería retirar la tela que se perdía entre ellas para picar su ano con mi lengua mientras ella me ayudaba con sus manos. Quería disfrutar su aroma. Quería escucharla gemir de placer.

Y así fue hecho. Y así ocurrió.

Se hizo hacia delante y se incorporó. Y mirándome con deleite me pidió que me acostara boca arriba.

Estando acostada se acomodó de tal forma que nuevamente su rostro quedó a la altura de mi pene. Lo tomo con una mano y comenzó a pasarlo sobre todo sus rostro, sus cejas, sus mejillas, su nariz. Sin más lo introdujo nuevamente en su boca. Lo metía, lo sacaba, lo recorría con la lengua, besaba mis testículos. Ensalivaba el pene, lo masturbaba, lo mordía levemente con sus labios hasta que finalmente se retiró y descubriendo sus senos tomó mi pene y lo restregó en sus pezones, uno a la vez.

Era delicioso verla satisfaciendo su deseo. De repente se retiraba y volvía a ensalivar mi pene para pasearlo sobre ambos senos. La detuve y la acerqué de manera que pude besar sus senos y morder sus pezones los cuales tenían el sabor de mi miembro.

Era el momento de excitación que estaba esperando, no haríamos nada en lo que ella no estuviera de acuerdo pero sin más le dije la frase más llena de sinceridad de ese momento: Quiero que seas mía.

No dijo nada. Solo se escuchaba nuestras respiraciones agitadas.

Acto seguido se alejó un poco y se acomodo de manera que su sexo, aún cubierto por la tanga, comenzó a restregarse sobre el miembro. Sentí su tanga completamente humedecida por sus fluidos. Y el aroma de estos exacerbo aún más mis sentidos.

Por fin se detuvo y mirándome fijamente comenzó a retirar la tanga de su sexo. No hubo más preámbulos. Cuando la hubo retirado toda se acomodo por encima del pene y tomándolo con una mano colocó la punta a la entrada de su vagina. Las dos estábamos emocionadas, nuestros corazones latían fuertemente...y comenzó el recorrido del pene al interior de su sexo. Era fabuloso sentir como invadía su vagina, suave, cálida, completamente lubricada; hasta que sentí que sus nalgas descansaban en mis muslos. La penetración era completa y el momento muy sublime.

Abrimos nuestros ojos, nos miramos; levanté un poco las piernas y ella pudo acomodarse de forma que se inclinó y nos fundimos en otro beso prolongado. Coloqué mis manos sobre sus nalgas y las recorrí hasta donde pude. Elle comenzó a girar sus caderas mientras que yo apoyaba mis piernas en la cama para empujar hacia arriba. Nuestros movimientos, ya sincronizados, se hicieron frenéticos.

Pase mis manos a su espalda por encima de sus nalgas de forma que tuvo que inclinarse un poco más permitiendo que la penetración se hiciera más profunda. Al mismo tiempo sus senos quedaron al alcance de mi boca y sin dudarlo comencé a pasar mi lengua por sus pezones, después los mordí suavemente, luego los succioné. El aroma de su cuerpo y el sabor de su piel me enardeció más.

Volví a sentir nuevamente los espasmos previos a la eyaculación, sin embargo ella llegó primero que yo al clímax Gemía placenteramente mientras comenzaba a escurrir hacia mi bajo vientre los fluidos de su orgasmo. Yo empujaba con fuerza hacia arriba mientras ella se descargaba por completo. Contuve mi respiración para evitar mi eyaculación. Mi plan era otro.

Se encontraba extenuada. Se recostó sobre mí y ambos nos prodigamos un sin fin de caricias y besos. Sentía mi pene más grande de lo normal.

Pasados unos minutos acerqué mi boca a su oído y agradecí el momento, luego le pedí se desprendiera de mí. Pude ver mi pene completamente bañado por sus fluidos. Me incorporé y bajando de la cama le pedí me mostrara su trasero. Ella lo hizo empinándose delante de mí. Acerqué mi rostro y haciendo la tanga a un lado me dediqué a picar su ano con la lengua. Ella me ayudó tomando sus nalgas y abriéndolas para mí. Nada impidió que mi lengua penetrara su ano. Podía aspirar el aroma de su sexo. Con un dedo tomé un poco de ese fluido y lo llevé a su ano para meterlo poco a poco.

Al ver como desaparecía por completo me acerqué a una de sus nalgas y la mordí al tiempo que sacaba y metía el dedo rápidamente. Volví a escuchar ese delicioso gemido.

No pude más. Saqué el dedo y tomando mi pene lo dirigí a su ano, lo coloqué a la entrada del mismo y comencé a empujar suavemente. La punta se abrió paso sin problema, sentía la presión de su ano. Decidí penetrarla centímetro a centímetro. Quería que sintiera el placer de ser invadida por detrás. Que se olvidara del mito de que es algo muy doloroso. Para eso nos ayudó la lubricación previa.

El recorrido del miembro era lento, suave, pausado; ella soltó sus nalgas y fui yo quien las abrió nuevamente para dirigir la penetración. Sentí que no tendría que arremeter su trasero, nuevamente los espasmos de la eyaculación se hicieron presentes. Continué penetrando sin detenerme hasta que finalmente quedé pegado a s cuerpo. Solté sus nalgas y me aferré a sus caderas atrayéndola hacía mí. Solo unos cuantos movimientos bastaron y comencé a eyacular dentro de ella, quien al sentir mis espasmos, comenzó a gemir nuevamente.

Pasados unos minutos comencé la retirada. Mientras lo hacía acariciaba sus nalgas, sus caderas y su espalda hasta donde podía. No apartaba mis ojos del miembro que aparecía poco a poco aún brilloso por todos los líquidos derramados.

Cuando se sintió completamente libre se recostó boca abajo en la cama y yo de inmediato hice lo mismo quedando a su lado. Nuestros rostros quedaron de frente y no hicimos más que mirarnos tiernamente.

miércoles, 11 de junio de 2008

Un relato mas

Desperté con dolor de cabeza, me costó darme cuenta donde me encontraba, era mi habitación, en el pequeño apartamento que rento desde hace mas de un año, donde me mudé en busca de mejores oportunidades. Tenía un buen trabajo, pero gastaba mucho en divertirme, por lo que me había estancado allí, más allá de que me daba el gusto de tenerlo bien amueblado y con cierto nivel, como me habían comentado varias de mis ocasionales compañeras.

Me senté en la cama como pude y me sentí enfermo, había bebido como un cosaco la noche anterior y la juerga me pasaba factura. Busqué a tientas las aspirinas en la mesa de noche y las tragué sin agua.

Me levanté y me arrastré hacia el baño, el agua de la ducha me revivió lo suficiente como para concentrarme y recordar que era sábado en la mañana, lo bueno era que no trabajo los fines de semana.

Me preparé un café instantáneo bien cargado y me puse a rememorar los hechos de la noche anterior.

Recordaba muy bien haber ido a un pub en los suburbios, algo nuevo que leí en una propaganda que me dieron en la esquina de mi oficina. También recuerdo la rubia tetona que me miraba y con la que bebimos las primeras copas, antes que me dijera que había llegado un amigo y lamentaba tener que dejarme así. Con gran esfuerzo vino a mi memoria que continué bebiendo como si tuviera mucha sed, pues fue algo que me dijo una chica que llegó a la barra, con la que sé que mantuve una conversación larga. Recuerdo que era atractiva, su sonrisa, su clara mirada y su paciencia, dado que yo esta bastante borracho, y sin embargo ella reía con mis ocurrencias.

Ya lo recordaba, al ponerme en un taxi, ella había deslizado un papel en el bolsillo de mi chaqueta. Me puse de pié de un salto y en cuatro pasos llegué hasta mi chaqueta, efectivamente allí estaba el papel, tenía un nombre y un número de teléfono móvil.

Traté de recordar más de nuestra conversación, leí su nombre, Luisa. Era alta, delgada sin ser flaca, pelo negro cortito, que dejaba ver un cuello largo y apetitoso. Nariz recta, un poco larga, labios carnosos, dientes grandes y blancos que brillaban con cada sonrisa, ojos marrones expresivos. Era muy sexy, sus pies era lindos, con deditos perfectos y apetitosos, uñas pintadas en rosado, unas pantorrillas firmes que dejaban ver sus pantalones pescadores. También recuerdo que tenía un culito redondito, con caderas de adolescente. Y unos pechos firmes pero chicos, dado que parecía no usar sostén, se notaban claramente sus pezoncitos delicados.

Tenía memoria fotográfica, pero no me sentía seguro de la conversación, ahí habían muchos huecos. No importaban mucho me dije, dado que si me había dado su teléfono significaba que no había cometido ninguna barbaridad.

Una cerveza helada me ayudó a ordenar mis ideas, la llamaría y vería que pasaba con esta Luisa, dado que me parecía un buen levante y no olvidaba que se había tomado la molestia de ponerme en un taxi.

Digité el número y esperé, sonó un buen rato y no obtuve respuesta, no se me ocurrió nada inteligente, así que no le dejé mensaje.

Encendí la TV y me puse a ver fox sport, había un resumen de lo mejor de la semana.

El teléfono me sobresaltó, estiré la mano y atendí.

- Hola! Dije sin dejar de mirar una encestada de la NBA.

- Hola, alguien me llamó de ese teléfono. - Dijo una voz de mujer un poco grave.

- Oh! Sí. - Era ella - Eres Luisa? - Pregunté con cierta alegría.

- Si, quién eres tú? - Dijo ella.

- Roberto, creo que ayer nos conocimos y me terminaste poniendo en un taxi. - Dije para orientarla.

- Claro, estabas bastante mal, pero siempre fuiste caballero, amable y galante. - Dijo con cierta solemnidad.

- Pues, creo que conozco a ese hombre. - Contesté y la oí reír.

- Sin duda eres él. Cuéntame, en que andas? - Dijo ella con naturalidad.

- Antes que nada disculparme, y luego interesarme por lo que harás esta noches y si quieres salir conmigo a algún lugar donde no haya mucha cerveza. - Contesté.

- No tienes que disculparte, a veces pasa. Respecto a salir… Difícil encontrar un sitio donde haya poca cerveza… Pero lo podemos intentar. - Dijo risueña.

- Yo me ocupo de eso, aunque no tengo idea de lo que podemos hacer, y soy muy sincero. Solo dime donde te paso a buscar. - Apuré la marcha.

- Nos encontramos en el pub de ayer y después vemos, a las 10 estaré allí. - Contestó.

- OK, tenemos una cita. - Afirmé por las dudas.

-Dalo por seguro. - Dijo ella antes de cortar. Nos despedimos y me quedé pensando en la conversación. Había sido más que fácil, me sonreí sorprendido.

Busqué algo de comer, el dolor de cabeza ya era parte del pasado, no se fueron las aspirinas o Luisa. Luego me acosté a dormir un rato más.

Como a las 6 de la tarde me levanté recuperado, empecé a ordenar el apartamento, cambié las sábanas por si hoy volvía acompañado. Dejé todo en perfecto orden, puse desodorante de ambiente por todos lados. Entré al baño, me afeité a fondo, recorté los pelos de mi nariz, y me dí una ducha larga y reparadora.

Me puse mi boxer blanco nuevo, marcaba bien mis genitales y destacaba mi estado físico. Yo era alto y tenía el cuerpo musculoso, mi nariz era la de un boxeador pero mis ojos celestes y mi sonrisa seductora la disimulaban, yo sabía bien que el conjunto hacía estragos entre las chicas. Me cepillé los dientes, me peiné cuidadosamente, a pesar no de no tener largo el pelo, sonreí y el espejo me devolvió una imagen perfecta de futuro éxito. Me vestí con una camisa gris sin cuello, un pantalón negro y una chaqueta negra. Me perfumé y miré el reloj, aun me quedaba como media hora antes de salir. Bajé a la calle, en la esquina compré goma de mascar y cigarrillos, encendí uno y disfruté la brisa primaveral. Un par de chicas jóvenes me sonrieron al pasar frente a mí y yo disfruté el momento, todo me indicaba que iba a ser una gran noche.

Detuve un taxi y le indiqué donde iba. Llegué como 15 minutos antes, miré en todas direcciones y crucé en dirección al local. Entré y me senté en la barra, de forma de poder ver la gente que ingresaba, había bastante gente, bebían y charlaban animadamente, la música era animada pero nadie bailaba.

Bebía agua mineral, no iba a cometer dos veces el mismo error, el barman me miraba y se sonreía. Había una chica negra que le chupaba el lóbulo de la oreja a un chico pelirrojo, que reía entusiasmado, la escena me excitó un tanto. La chica me miró mientras su lengua seguía jugueteando con la oreja del chico. Sonreí, le guiñé un ojo, y ella me sacó la lengua, y no pude dejar de sonreírme.

- Oye, será posible que persigas a todas las chicas, sin importar que estén acompañadas. - Me sorprendió Luisa mientras me tomaba por un brazo.

- Te aseguro que soy inocente, era ella la que me miraba. - Dije cuando giraba y quedábamos frente a frente.

Luisa me besó en la mejilla delicadamente y fue como si una corriente eléctrica recorriera mi cuerpo. Su perfume era muy rico y ella lucía sencillamente espectacular. Lucía una musculosa amarilla, sin sostén, que recortaba sus senos firmes y redonditos, que dejaba su ombligo al aire, una pollera blanca arriba de la rodilla, unas sandalias blancas que dejaban sus hermosos pies y sus sensuales deditos en exhibición.

La observé unos instantes y le dije que estaba hermosa, ella sonrío y me agradeció. Al mirarla pensé que tendría unos 25 años máximo, tenía una piel perfecta, lozana, sus facciones es lindas, su cuerpo armónico y sus movimientos sensuales, parecía moverse sin esfuerzo, con tanta naturalidad.

- Deja de mirarme así, me vas a devorar acaso? - Dijo sin dejar de sonreír, mientras se sentaba en la barra, al hacerlo su falda dejó ver dos hermosas piernas torneadas y unos muslos firmes y sugerentes.

- Es que me hipnotizas. Eres bella, sexy, y para colmo te mueves de una forma tan sensual que me mareo. - Dije mientras simulaba un mareo.

- Déjate de tonterías e invítame con un margarita. - Dijo mientras cruzaba las piernas. Yo fingí seguir el movimiento con la cabeza y estallamos en risas.

Ordené un par de tragos y conversamos animadamente, reímos con nuestras ocurrencias. En determinado momento Luisa me preguntó por que la había llamado, yo fingí pensarlo un rato, y le dije que era un secreto y me acerqué a ella. Casi con mis labios rozando el pabellón de su oreja izquierda, le dije en un susurro.

- Eres bella y muy excitante, se me ocurrió que existe química entre la bella dama y este caballero. - Dije de la forma más sensual que pude.

Ella no se separó de mi, pero percibí que sintió las cosquillitas que yo busqué hacerle con mi susurro. Fue su turno y sentí el roce sutil de sus labios y su aliento en mi oído cuando respondió.

- Pensé que no te ibas a decidir más.

Mi mano tomó delicadamente su brazo mientras giré mi cabeza con lentitud y mis labios llegaron a los de ella, y mientras nuestros ojos se miraban momentáneamente, la besé despacio, suave, y sentí como se aceleraba mi corazón.

Nuestros labios se fundieron y nuestras leguas se exploraron con delicados y sensuales movimientos. Fue un beso tremendamente caliente, tan suave y tan excitante que se me endureció mi miembro de inmediato. Su rodilla tocó mi miembro y se quedó allí sin inmutarse. Le besé el cuello apenas y ella suspiró suavemente.

- Me encantas, y me re excitas, pero debes saber algo antes de continuar. - Dijo Luisa sin dejar de disfrutar mis besos.

- Dime lo que quieras, pero nada va a cambiar mi idea de lo que aquí pasa. - Dije y mi mano derecha acaricio su cintura desnuda y bajo hasta su nalga izquierda, que era firme como la imaginé.

- Soy transexual. - Dijo mientras sentía como se erizaba con mis suaves caricias.

- En serio? No se nota. - Dije excitado.

- Se notará, créeme. - Dijo mientras sus nudillos rozaban mi miembro.

- Nunca conocí a ninguno, y la verdad es que me gustas demasiado. - Dije mientras mi excitación superaba mi capacidad de pensar.

Sabía que existían, nunca había estado con uno, y no tenía nada en su contra, siempre pensé que eran chicas, pero sabía que no en forma completa. Tampoco me habían interesado, así que no sabía muy bien como seguiría la historia, pero no deseaba detenerme, quería tener sexo con aquella hermosa chica, fuera lo que fuera, ya vería si valía la pena o si era un error. Lo que si estaba claro era que si no probaba siempre me quedaría la duda.

- Decídete antes de ir más lejos. - Sugirió con voz excitada.

- Tienes una picha entonces. - Dije mientras la besaba en la oreja y acariciaba su muslo desnudo.

- Si tuviera dos trabajaría en un circo. Quieres tocarlo? - Dijo Luisa susurrándome al oído.

- No me dejas opción. - Contesté cuando noté que ella separaba los muslos lo suficiente para que yo deslizara mi mano, y así lo hice. Acariciando su muso, me aventuré y en lo que pareció un camino interminable, llegué hasta su entre pierna y las yemas de mis dedos tocaron un pene apuntando hacia bajo, que sin estar duro completamente, sin dudas tenia vida, y un tamaño interesante. Lo recorrí con la punta de mis dedos, era largo y estaba inquieto, lo sentí crecer un poco. Maniobré con su tanga y lo liberé. Luisa se estremeció y yo lo tome con suavidad, cerré mis dedos alrededor. No dejaba de besarla.

- Hay amor! Me encanta lo que me haces. - Dijo suspirando un susurro en mi oído.

- Pues dejémonos de perder tiempo. - Sugerí

- Vámonos, llévame a algún lado, no aguanto más. - Pidió en una voz casi inaudible.

Mientras pagaba la cuenta, Luisa fue al toalet. La vi. salir sonriente, la abracé y salimos del local entusiasmados. Paré un taxi y marchamos a mi lugar. En el camino nos besamos con ganas, y nos acariciamos conteniendo nuestros instintos.

Al llegar, abrí la puerta y nos enredamos en un abrazo y mil besos. Nuestras manos recorrían nuestros cuerpos con la curiosidad de los desconocidos y la ansiedad de los necesitados.

Pasamos a la recámara y nos dejamos caer en la cama. Yo giré sobre ella y la besé con deseo. Su cuerpo era firma y cálido, su piel suave y excitante, su boca húmeda y adictiva. Recorrí sus nalgas y muslos, ella gemía y sonreía disfrutando mis caricias.

En determinado momento me detuve y le dije que se separara. Ella se sorprendió y se separó con cierta turbación.

- Luisa, párate y desnúdate para mi. Toda desnuda, te quiero ver tal como eres. Por favor. Luisa sonrió tranquilizándose, se paró decidida y me miró sonriente. Sus manos tomaron su musculosa y la hicieron deslizarse sobre su cabeza. Observé con atención su torso desnudo. Sus senos eran redondeados, firmes y tenía unas aureolas oscuras y unos pezoncitos pequeños y duritos. Su vientre era plano y su ombligo un botoncito perfecto. Me miró y yo levanté el pulgar aprobando lo que me era mostrado.

Sus manos buscaron el cierre de la falda y la bajo por sus muslos hacia abajo, le costó un poco, pero luego de pasar por las caderas cayó al suelo. Tenía una caderas adolescentes, pero sus piernas eran un monumento a la perfección, muslos firmes y pantorrillas delicadas y torneadas, era sumamente sexy.

Sonrió y esperó por mi. Pulgar arriba y con un ademán le indiqué que removiera su tanga. Ya había notado que tenía algo que abultaba y eso quería verlo con atención. Ella colocó sus pulgares por debajo de la tela de la tanga, uno a cada costado y moviéndolos alternativamente la fue bajando lentamente. No era una gran stripper pero estaba tan excitado que me encantó su estilo.

Lo que ansiaba ver no se hizo esperar, cuando su tanga se bajó completamente su miembro semi erecto apareció magnífico. Lo tenía largo, aunque delgado, su cabeza era redonda y se destacaba frente a la delgadez del mismo. Sonreí y le hice señas para que se acercara a mí. Su verga quedó a la altura de mi boca. La miré divertida y ella me miró expectante.

Su figura era perfecta a mis ojos, hermosa, lozana, suave, delicada, esbelta, sexy. Me encantó lo que veía, me excitó tanto como jamás lo imaginé. Nunca había estado con una chica así, ni en mis sueños más lascivos. Sin ser homosexual ni bisexual, y sin desearlo tampoco, estaba frente a una chica tan especial que no la vi. más que como esa chica llamada Luisa que me excitaba y estaba deseosa de corresponderme. No tuve que pensarlo, no dudé, no tuve que darme ánimos ni nada así, apenas terminé de ver aquel cuerpo tuve la certeza de que era lo que deseaba y que iba a ser una experiencia única y de la que no me arrepentiría.

Abrí mi boca y mi lengua lamió el glande y Luisa gimió sorprendida. La agarré con mi mano derecha y me la metí en la boca. No me imaginaba lo que era chupar una polla, pero apenas la tuve en la boca supe que era exquisita. Me encantó, era lo máximo, me entusiasmó tanto, que no pude dejar de succionar, de lamer, de morderla con ternura, de besar aquel trémulo trozo de carne. Sentí como aquella flexibilidad inicial se transformó en firmeza y posteriormente en dureza, se le puso rígida como una estaca. Se la mamé tanto que ni se imaginan. Le amasé los testículos y le apreté las nalgas con tantas ganas que más tarde vería los moretones que le había producido.

Mi verga se puso igual de dura y Luisa me separó. Se apoderó de la iniciativa y me desvistió rápidamente, me dejo desnudo y se sacó las sandalias.

Yo no podía con mis ganas, y en un descuido le manotee uno de sus pies y lo entré a besar, ella suspiró de placer. Su otro pie buscó mis genitales y empezó a acariciarme con él.

Le lamí el pie, le succioné sus deditos y mordisqueé sus yemas. Me encantaba todo aquel cuerpo suave, firme, tibio, que trasmitía deseo y pasión, ganas de comerla completa, y así lo hacía. Subí por sus piernas, llegue a sus muslos, usando mi lengua para lamerlos, mientras ella se estremecía de placer. Le chupe la polla con suavidad, y profundidad, le manoseé todo, sus testículos, sus nalgas. Ella separó las piernas y yo le mandé lengua atrás de las bolas, y levantándole las piernas le lamí el culito rosadito. Me encantó su reacción, sus gemidos, suspiros.

Me alcanzó una crema y le unté el ano, ella me unto la verga, estábamos tan excitados que se notaba en nuestra imprecisión de movimientos. Luisa se puso en 4 patas y con su mano guió mi penetración. No me dejó empujar, sino que me obligó a ir muy despacio. Apenas pasó mi glande, sentí como su culito se cerraba sobre mi polla. Me dejó avanzar despacio hasta que la tuve toda adentro. Su interior era calido y se cerraba sobre mi miembro como un guante a su medida.

- Cógeme amor. - pidió apoyándose en sus manos y antebrazos, a la espera de mi mete-saca.

Respondí follándola con suavidad, recorría su interior sin apuro, con firmeza, experimentando el sencillo placer de una rica follada de culo. Quién no sabe a lo que me refiero?

Me esforcé por hacerlo bien, progresivamente, despacio, dando y obteniendo placer, estudiando sus reacciones, si gemía, si se agitaba, si empujaba hacia a mí, trataba de lograr la perfección del placer. Luisa jadeaba y se afirmaba en la cama, mientras yo la follaba con decisión, disfrutando el culito caliente de aquella dama hirviente.

Me encantó el ritmo que alcanzamos, la sostenía por la cadera y sus nalgas chocaban contra mi en cada embestida. Luisa se deslizó hacia adelante hasta quedar acostada sobre su vientre, y yo la seguí sin perder el contacto de la penetración. Mi pecho contra su espalda, mi verga profunda en su culo, mis muslos sobre los de ella. La abracé por debajo de sus brazos y le agarré sus tetitas duritas, no eran de silicona y eso me excitó más.

Le empecé a besar la nuca y detrás de sus orejas, sus hombros y omóplatos, mientras la seguía follando sin apuro. Ella movía su culo hacia arriba para lograr más profundidad y firme contacto de mi verga con su interior.

Era divino, una experiencia única, excitante, nos perdíamos en la locura del sexo y la pasión. Disfrutábamos a pleno la follada. Sentí necesidad de follarla más fuerte, me iba a correr, ella abrió las piernas para que la penetrara mejor. La follé con locura, jadeábamos y gemíamos como bestias. Me corrí con una tremenda fuerza, 4 o 5 contracciones para llenarle el hoyito con mi semen. Seguí dándole bomba y las contracciones siguieron, Luisa gemía como un animal, y yo jadeaba como loco.

Ya sin fuerzas, y agotada la tensión me dejé descansar sobre ella. Ambos respirábamos con dificultad, debido al esfuerzo. Le besé la nuca y ella giró la cara, y le pude besar la comisura de los labios.

- Me encantó. - Dije jadeando.

- Me enloqueces. - Respondió ronca de pasión.

Nos pusimos de costado, y la abracé con ternura, ella se acurrucó contra mí. Nos dormimos así, soñando sin temores, liberados en nuestra espontánea desnudez, por la mutua respuesta al placer, por la tranquila satisfacción.

Al despertar disfrutamos al tomar conciencia de la calidez de nuestros cuerpos, de la ternura del abrazo, del sincero deseo, de la mutua correspondencia. Luisa me miró.

- Me hiciste correr mientras me follabas. - Me dijo risueña y mimosa. Bajé mi mano hasta su miembro, sentí la viscosidad del semen que aun no se había secado del todo. Noté que esta medio erecto y me sorprendí. Estaba claro que había que hacer algo al respecto, el mío se ponía erecto también correspondiendo al de Luisa.

Nos besamos apasionadamente y nos dejamos ir sin remordimientos, recién empezábamos, la noche era joven y el domingo tenia muchas horas, luego ya veríamos. Ya lo veremos en la próxima historia.

jueves, 5 de junio de 2008

HISTORIAS DE TRAVESTIS III


Una Mujer Trans de Verdad


Como empecé, pues recuerdo que cuando tenia aproximadamente 11 años mis padres me dejaban cuidando el negocio en las noches, y allí empecé a sentirme mujer
En las noches yo empecé a acariciarme el cuerpo a tocarme el culo así sentí un gran placer al tocarme el ano con el dedo poco a poco con la ayuda de un poco de saliva iba introduciendo mis dedos dentro mió.

Me gustaba desnudarme toda yo completa en la cama y acariciarme toda sobre todo los pechos y la cola, poco a poco los dedos ya no me satisfacían, empecé a buscar cosas que se parecieran a un falo, así conseguí primero unas velas de varios grosores empecé con el mas delgado con la ayuda de un lubricante empecé a introducírmelo cada vez mas profundamente, estas velas tenían un promedio de 12 centímetros los cuales introducía con un placer único así poco a poco cambiaba de grosor hasta llegar al mas grueso que debía tener unos 4 centímetros de grosor que me entraban con placer casi sin dolor cuanto mas lubricado y dilatado estaba era mas agradable.

Así pase mis primeros años de mujer de querer ser poseída por un hombre con un falo inmenso, luego conseguí un consolador pero este no me satisfacía así que tuve que buscar cosas que me hicieran sentir lo salvaje del sexo anal, cada vez quería algo mas largo y sobre todo mas grueso, probé con todo tipo de cosas y materiales, pepinos, plátanos, frascos de champú, desodorante o yo mismo los tallaba en diferentes materiales cada vez mas gruesos, los amarraba en algo que se asemejara a un cuerpo y me sentaba encima y que placer sentía hasta hoy ansió volver a esto juegos, los colocaba en una silla otra la ataba en una pared a veces ataba 2, 3 o 5 en distintos sitos y me imaginaba que era una perra o una puta mientras tenia una en el culo bien clavada las otras las mamaba como loca así cambiando de lugar me ponía en diferentes poses, ya parada, de cuatro patas, piernas para arriba de espalda me entregaba en todas las formas que pudiera incluso llegada al sadomasoquismo yo solo.

Lo que mas quería era vestirme como una mujer y así empecé primero con la ropa de mi madre y de mis hermanas a las cuales les sacaba algunas prendas y en mi intimidad me vestía con medias de seda, portaligas braguitas bien apretadas cuanto más pequeñas mejor brasieres iguales, vestidos ceñidos, o mini faldas polos pequeños etc. Me maquilla me pintaba me colocaba una peluca pero solo era para mi mas no podía salir, pero así vestida me entregaba a mis penes que tenia ocultos o camuflados en mi cuarto.

Hasta que por fin pude realizarme como siempre quise esto fue cuando cumplí los 17 años pues termine el colegio y tuve que irme lejos de mi casa para seguir con mis estudios y mis sueños, gane una beca para lo cual me tuve que esforzar mucho pues quería salir de mi pueblo como sea por mis sueños de ser mujer en todo su esplendor.
Esta beca me llevo a Brasil donde llegue con todo mi arsenal de penes, tuve que estudiar para poder vivir mientras conseguía dinero pues esta beca era completa. Pero no me interesaba para nada los estudios mi mente estaba puesta ser mujer.
Así que gracias a unos amigos conseguí un buen trabajo que primero me permitió conseguir donde vivir y sobrevivir.

Los dos primeros años ahorraba y compraba toda la ropa hermosa que quería de mujer por supuesto de día trabajaba como burra y de noche gracias alas amigas que conocí me sentía mujer, bueno valga la pena decirles que en ese entonces tenia un cuerpo bien delgado y fino cuando me transformaba nadie creía que debajo de toda esa bella ropa había un hombre oculto todos creían que era una mujer de verdad aunque yo si creía.

De noche me vestía lo mas atrevida que pudiera me depilaba toda me colocaba unos interiores de colores hermosos muy pequeños unas minifaldas y unos top pequeños, me arreglaba de la mejor manera ya no usaba pelucas pues mi cabello ya era el mió, el cual lo cuido muy bien.

Con el ahorro que conseguí me puse en manos de un medico para que me convirtiera en mujer primero me dio hormonas para que mi cuerpo vaya tomando forma de mujer, al año de tomar estas pastillas y algunas inyectables mi cuerpo empezó a cambiar dejo de salirme bello en el cuerpo mis caderas tomaron forma o mejor se formaron curvas mis pechos empezaron a crecer, ya me vestía de mujer de día y de noche abandone el closet por completo, claro que todavía no me había entregado a un hombre de verdad, me seguía entregado a mis juguetes y a mi Alvarado así llame a un muñeco inflable que me compre.

Mas no estaba conforme con la talla de mi cuerpo, mi siguiente paso fue ponerme en manos de un cirujano plástico que me hizo algunos cambios, como perfilarme la nariz, arreglarme el mentón, aumentarme los pechos a una talla 40 igualmente me aumente la cola para tener una cadera espectacular y algunos otros retoques luego de un año de arreglos y reposos por fin era lo que siempre soñé una mujer.

Una noche decidí que era mi estreno oficial como mujer así que ese día fui al spa a hacerme de todo. Salí regia totalmente nueva llegue a mi casa me puse lo mejor y mas provocativo que tenia y me fui de rumba.

Me encontré con varias amigas a quienes no veía hace mucho al principio no me reconocieron no creían que era yo. Así que empezamos a tomar y a bailar hasta que conocí al hombre con el que quería estrenar este cuerpo hermoso. Un moreno súper grande con unos músculos que reventaban la ropa y un aparato que marcaba sus pantalones, se me acerco me invito a bailar y así entre baile y baile y copas quedamos me invito a su casa a pasar un rato yo estaba que ardía para que me llevara donde quisiera.

En su casa ni bien entramos me tiro sobre el mueble y se abalanzo sobre mi de un solo tiro me arranco el top y el brasier dejando mis pechos al aire los cuales cogio con locura y devoró como un perro hambriento mordiéndomelos hasta dejarlos rojos, ahora era mi turno, le quite el cinturón le baje los pantalones y debajo había un bóxer le quita lo mas rápido que pude y tal como me imaginaba bajo esos trapos estaba el pene que soñé largo y grueso aun en estado flácido, lo cogi como loca me lleve a la boca me la metí toda así flácida y empecé a chuparla como loca como siempre lo había echo con mis juguetes sentí como crecía en mi boca como me atragantaba con esa herramienta que debía tener unos 23 centímetro y unos 5 centímetros de grosor mientras yo lo chupaba el se desvestía y dejaba ver unos músculos enormes unas piernas y brazos que solo dolían de verlos. Luego de mamarlo por largo rato el me paro y me bajo la falda me puso de 4 patas en le sofá me bajo las bragas me acaricio las nalgas luego las separo y empezó a chuparme mi ajugerito que estaba mas húmedo y listo para ser penetrado por primera vez por uno de verdad, luego de humedecerlo mas, acerco su enorme pene a la entrada de mi ajugerito y se puso a juguetear mientras dentro mió pedía a gritos que me hiciera su mujer, de un solo golpe sentí toda su verga dentro de mi culo y sentí un dolor que nunca había sentido, así que sentí que me habían desvirgado

Empezó un mete y saca a todo dar yo gemía como mujer pues sentía orgasmos como nunca los había sentido en vida, mientras continuaba con su mete y saca sus manos tiraban de mis tetas y mis cabellos así me tuvo en una y otra pose hasta que saco su enorme falo y me lo metió a la boca y soltó toda su leche que rica que la sentí termino toda se la limpie por completa y no deje de mamársela hasta que se volvió a levantar y volví a vivir ese placer. Me quede a vivir con el por un mes solo por placer mas no como amor pues solo lo quería para eso. Al mes regrese a mi casa a mis juguetes a los cuales amo bastante.

Desde ese día salgo con cuanto chico me gusta o chica de mi género que quiera, a veces el amor entre trans también es rica.

Hoy que tengo 22 años soy una mujer con mucho recorrido claro que nunca regrese a mi pueblo mas les hice saber mi cambio a mi familia. Hoy vivo como siempre comiendo cuanto pene encuentro y estoy pensando en ser completamente mujer aunque tengo miedo soy una trans pasiva porque realmente me siento mujer. Hoy que escribo esto, estoy en la playa con un bikini hilo dental y escribiendo en una computadora personal quien creería que conseguí mis sueños.